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Sean and Mike

Sean Powell, MSW, LCSW, CCM, OSW-C

Trabajador social y director de Trabajo Social y de los Servicios de Apoyo al Paciente

"No tema decirles a sus amigos y familiares que no quiere hablar del cáncer."

He sido trabajador social de oncología durante 26 años y en 10 de ellos he tenido el honor de dirigir el Servicio de Trabajo Social de Moffitt. En ese período he ayudado a innumerables personas a lidiar con las repercusiones del cáncer en las relaciones interpersonales. Cuando accedí a escribir este artículo sobre el efecto del cáncer en estas relaciones apenas comenzaba el verano y yo me preparaba para muchos días de piscina, asados y vacaciones. No sabía que iba a recibir mi propio diagnóstico de cáncer al día siguiente: linfoma no hodgkiniano en estadio IV.

Sean y Mike celebran la Navidad en Nueva Orleans.
Sean y Mike celebran la Navidad en Nueva Orleans.

De repente, me encontraba en el polo opuesto de la atención médica. Al principio no pude escribir el artículo. Todo era demasiado reciente. Luego, una mañana me di cuenta de mi posición única como trabajador social y paciente, que me permitía ver al momento cómo cambiaban las relaciones interpersonales.

En casa, las charlas con mi esposo durante la cena ya no eran sobre el trabajo y los planes del fin de semana, sino sobre los resultados de imágenes clínicas, los síntomas y lo que se nos venía encima. Yo sabía que todas las conversaciones no podían ser sobre el cáncer. Eso no le convenía a nuestra relación. Dedicábamos un rato a los asuntos relacionados con el cáncer y luego pasábamos a otros temas, como las cosas que le habían pasado en el día y sus pasatiempos. Ese equilibrio le permitió a él cuidarse y a mí me dio la calma que necesitaba.

Llamé a una amiga a darle la noticia. Después de repetir la historia por lo que parecía ser la millonésima vez, cambié de tema y le pregunté por sus vacaciones recientes. Ella comenzó a darme los detalles, pero luego se detuvo y se disculpó por hablar de cosas alegres. Le pedí que continuara. Una conversación normal era justo lo que yo necesitaba. No tema decirles a sus amigos y familiares que no quiere hablar del cáncer. Las tareas cotidianas, los relatos y las celebraciones son un alivio.

También comencé a temer la pregunta: «¿Qué puedo hacer por ti?». Aunque la oferta era bien intencionada, se volvió agotadora. La mayoría de las personas tratamos de ser lo más independientes posible, así que pedir ayuda con tareas concretas no es habitual ni cómodo. Por lo general, yo descartaba esta pregunta con humor. Un día, al enterarse del cáncer, un amigo no hizo la pregunta de rigor sino que dijo simplemente: «El miércoles por la noche traigo la cena». ¡Qué alivio! No me sentí culpable y supe que eso le daría a mi esposo un descanso en la cocina. Ofrecer ayuda concreta, como hacer un mandado o salir a caminar con el perro, tiene mucho más sentido que los ofrecimientos inespecíficos.

Un capellán sabio dijo un día: «Nunca se debe subestimar el poder de estar presente». Las personas quieren ayudar o decir algo que mejore la situación. Por desgracia, a veces el intento de llenar un silencio incómodo o de ofrecer palabras de aliento no da el resultado que se esperaba. Frases como «tienes que ser optimista», «era el plan de Dios» o «todo va a salir bien» no brindan el consuelo deseado. En cambio, ofrecerle al ser querido un espacio en el que simplemente exista y no decirle nada puede ser reconfortante. A veces el mayor consuelo no viene de palabras sino de sentarse juntos a ver en silencio una película, un lago o unos niños que juegan.

Por último, sea amable con usted mismo y con su ser querido. Nadie está preparado para esta travesía. Habrá cambios en las relaciones entre las personas y en la comunicación. Usted tiene derecho a fijar límites y a pedir ayuda. Los grupos de apoyo, los capellanes, los trabajadores sociales o los supervivientes que hayan recibido una formación especial pueden ayudarle a mejorar la comunicación y a encontrar recursos que le ofrezcan respaldo.

Si le interesa alguno de estos servicios, llame a la oficina de Trabajo Social y Atención Espiritual, al (813) 745-8407.

Esta historia se publicó originalmente en el boletín informativo ENLACES. Visite Moffitt.org/Enlaces para leer más historias y más información.