La menopausia prematura antes de los 30 años
Cuando me dijeron por primera vez que tenía cáncer, me quedé aturdida. Solo tenía 25 años. Los recuerdos de ese momento son borrosos. En menos de tres días había firmado documentos que apenas entendía, me habían puesto una vía central y había visto la primera ronda de quimioterapia entrar gota a gota en uno de mis brazos. En ese punto no me importaban los efectos secundarios. Solo quería vivir.

Jasmine celebra su segundo cumpleaños después de dos años de remisión.
Al cabo de meses de quimioterapia, inmunoterapia, radioterapia, la congelación de óvulos en el último minuto y un trasplante de médula ósea, entré en remisión. Pensé que mi vida iba a volver a la normalidad. En vez de eso, los efectos secundarios se volvieron realidad. Dos meses después de terminar el tratamiento, me dejó de llegar la regla. Pronto comenzaron los sofocos, los sudores nocturnos, la disfunción cognitiva, la disminución de la libido y una sequedad vaginal intensa. También me resultaba difícil acostumbrarme a la posibilidad de no tener hijos.
Nunca olvidaré el primer examen ginecológico que tuve después del tratamiento; la sensación era como de papel de lija. Sentarme o moverme era doloroso. Me sentía avergonzada y confusa, y ningún producto de la farmacia servía para nada. Comencé a evitar las relaciones íntimas con mi novio. La idea del dolor me impedía intentarlo. Esto se sumó a la distancia que nos separaba. Pasamos un tiempo sin tener relaciones.
El médico me aconsejó un tratamiento de reposición hormonal, pero me daban temor los riesgos. Estaba ansiosa por hallar respuestas a mis preguntas. Fue entonces cuando me derivaron a la terapia del piso pélvico. Al principio estaba nerviosa, pero la terapeuta me enseñó unos ejercicios sencillos que redujeron el dolor y me ayudaron a recobrar el control de mi cuerpo. El gel diario de estrógeno detuvo los sofocos y mejoró la sequedad.
Después de sobrevivir al cáncer, no me esperaba una menopausia prematura antes de los 30 años. Esto ha sido doloroso y me ha causado aislamiento, pero me enteré de que hay apoyo y tratamiento. No espere hasta que el dolor la abrume. Hable con el médico cuanto antes sobre la hormonoterapia y sobre la terapia del piso pélvico. Y, sobre todo, hable con su pareja. Usted no está sola.
Si presenta efectos secundarios relacionados con la reproducción o la fertilidad, hable con el equipo que le atiende. Hay apoyo a su disposición.
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